La Emancipación
Querido Woody:
Podría decirse que soy una más de los cientos, miles, qué digo, millones de habitantes incapaces de abandonar el hogar familiar. "La familia", como decía aquel de voz ronca y forrado de pasta... igualito que yo sí. El caso es, que afortunada, y pese a la objeción de mis progenitores,, me piro. Así, como suena. Y no, no a vivir debajo de un puente, ni en el metro, ni en una de esas estaciones de autobuses - tan modernas ellas - ni en un cajero - ummm, qué idea - ¡que no!, ¡he conseguido que me pongan un piso!
Sí, ahora cualquiera diría lo de “qué fácil camino el de la prostitución”, otra gran idea. Vamos que no, que no va por ahí la historia. Digamos que un amigo, en su infinita bondad, me ha ofrecido compartir un piso; digamos, unos gastos; digamos, la luz y el agua. Vale, vale, que además no tengo que pagar alquiler. ¡¡No volvamos a lo de la prostitución!!
He de admitir que soy una privilegiada, de esas a las que la modestia le impide reconocerlo. Aunque... ¡¡¡QUE OS DEN!!!, ¡¡¡QUE YA TENGO CASITA!!! Y así se lo comunicaría a la ministra de la vivienda - esa de los 30 metros - a todos los que se rieron de mí al solicitar un piso de protección - el lujo está hecho para unos pocos - a los de,y a, a... Respira Juana, respira.
El caso es, que ha llegado el momento. ME EMANCIPO, y sí, sigo sin tener un lugar propio, con lo que se lleva eso de la propiedad privada; un lugar donde caerme muerta, que hoy aquí mañana en el cajero; pero... ¡bah!, ¿por qué pensar en simplezas?
Ahora tengo un hogar, y han dejado de preocuparme las interminables obras, la agotadora mudanza, el pintado general, el grifo que gotea, la cisterna que se sale, el “paso de pintar”, los muebles de IKEA (sí, yo también he caído, a la mierda la antiglobalización, que me he quedado sin un duro con tanto amueblar), las interminables obras, la electricidad, la mudanza... ¿he dicho lo de las obras?
Pero en fin, todo eso acabó, y hoy por hoy vivo en un piso - apartamento, vivienda - de unos cincuenta metros cuadrados, sin salón pero con dos habitaciones; con ascensor pero sin luz, que es interior; con unas bonitas vistas a un muro de ladrillo. ¿Y todavía me quejo?, reminiscencias de mi condición humana más básica.
ÉL eso sí, me ha dejado la mejor habitación. Que no, que no soy puta. Todo sea por mi bienestar mental, que es la que menos ruido tiene. Ahora claro, se utiliza de salón, a falta de uno propio; que esto ha pasado a ser más o menos rollito comunal. Todo lo tuyo es mío y lo mío... bien, ya veremos.
De momento a transigir. Ni meaditas fuera de la taza, ni tapas levantadas, ante todo higiene, tirar la basura... ¡uy!, me aplico el cuento, me aplico el cuento.
Y tras muchas reticencias por parte del resto. Que si no vais a poder, que si vuestro carácter, vuestras manías, vuestras excentricidades, vuestras rarezas, que lo del sexo opuesto es un inconveniente, que si poneos en bolas y superad la tensión... bien, ¡bastaaa! El caso es que la cosa no va mal. Ya hemos empapelado las paredes en unpues eso, que al final se ve de todo menos azulejos en la cocina. Y todo por una cuestión de transigencia, y sí, de pasotismo porque realmente, no le prestamos ninguna atención a los adornos hogareños. Eso sí, estamos acabando con una decoración entre ecléctica y sesentera, digna de los mejores diseñadores de interiores. Que si me han regalado esto, que si a mí me han dado lo otro, que si me he agenciado tal cosa, que si yo encontré esto en el contenedor y ¡¡mira qué bien está y qué útil que es!! Esto último, dicho de una especie de lupa de dentista que así, sin ponernos en plan pijo, bien pudiera pertenecer a un coleccionista de frikadas. Y ahí estaba, abandonada a su suerte... ¡la pobre! Pues la reutilizamos, que no deja de ser colaborar con el medio ambiente. De momento no hemos sido capaces de colocarla, ¿será por falta de espacio?.
En fin, ya veremos si logramos sobrevivir.
Podría decirse que soy una más de los cientos, miles, qué digo, millones de habitantes incapaces de abandonar el hogar familiar. "La familia", como decía aquel de voz ronca y forrado de pasta... igualito que yo sí. El caso es, que afortunada, y pese a la objeción de mis progenitores,
Sí, ahora cualquiera diría lo de “qué fácil camino el de la prostitución”, otra gran idea. Vamos que no, que no va por ahí la historia. Digamos que un amigo, en su infinita bondad, me ha ofrecido compartir un piso; digamos, unos gastos; digamos, la luz y el agua. Vale, vale, que además no tengo que pagar alquiler. ¡¡No volvamos a lo de la prostitución!!
He de admitir que soy una privilegiada, de esas a las que la modestia le impide reconocerlo. Aunque... ¡¡¡QUE OS DEN!!!, ¡¡¡QUE YA TENGO CASITA!!! Y así se lo comunicaría a la ministra de la vivienda - esa de los 30 metros - a todos los que se rieron de mí al solicitar un piso de protección - el lujo está hecho para unos pocos - a los de,
El caso es, que ha llegado el momento. ME EMANCIPO, y sí, sigo sin tener un lugar propio, con lo que se lleva eso de la propiedad privada; un lugar donde caerme muerta, que hoy aquí mañana en el cajero; pero... ¡bah!, ¿por qué pensar en simplezas?
Ahora tengo un hogar, y han dejado de preocuparme las interminables obras, la agotadora mudanza, el pintado general, el grifo que gotea, la cisterna que se sale, el “paso de pintar”, los muebles de IKEA (sí, yo también he caído, a la mierda la antiglobalización, que me he quedado sin un duro con tanto amueblar), las interminables obras, la electricidad, la mudanza... ¿he dicho lo de las obras?
Pero en fin, todo eso acabó, y hoy por hoy vivo en un piso - apartamento, vivienda - de unos cincuenta metros cuadrados, sin salón pero con dos habitaciones; con ascensor pero sin luz, que es interior; con unas bonitas vistas a un muro de ladrillo. ¿Y todavía me quejo?, reminiscencias de mi condición humana más básica.
ÉL eso sí, me ha dejado la mejor habitación. Que no, que no soy puta. Todo sea por mi bienestar mental, que es la que menos ruido tiene. Ahora claro, se utiliza de salón, a falta de uno propio; que esto ha pasado a ser más o menos rollito comunal. Todo lo tuyo es mío y lo mío... bien, ya veremos.
De momento a transigir. Ni meaditas fuera de la taza, ni tapas levantadas, ante todo higiene, tirar la basura... ¡uy!, me aplico el cuento, me aplico el cuento.
Y tras muchas reticencias por parte del resto. Que si no vais a poder, que si vuestro carácter, vuestras manías, vuestras excentricidades, vuestras rarezas, que lo del sexo opuesto es un inconveniente, que si poneos en bolas y superad la tensión... bien, ¡bastaaa! El caso es que la cosa no va mal. Ya hemos empapelado las paredes en un
En fin, ya veremos si logramos sobrevivir.
Con cariño:
Juana
Juana
