Apariciones
Querido Woody:
¿Te comenté que la antigua propietaria de la casa era una anciana con síndrome de diógenes?, sí, y tú me dirás, “en fin, como tantos otros”, sí, y yo te recordaré, “murió, soy yo la que duerme ahora en su habitación, soy yo la que oye cada vez más ruidos; y el incesante crujir de la madera, los golpes en las paredes y las voces ¡me están volviendo loca!”, y sí, últimamente he visto muchos programas de Iker Jiménez. ¿De quién ha sido la idea de hacerle un hueco a ese hombre en el mundo televisivo? ¡¡Por dios!!, ¡¡que ya no le dejan a una ni dormir!! Tranquilo que estoy bien, una crisis de ansiedad fantasmal.
El caso es que la cosa ha ido a mayores. Estando de viaje me llama Juanma, mi compañero de piso. <¿No has notado nada raro en casa?> Yo claro, cómo lo iba a imaginar si hasta ese momento me oía respirar por las noches. Ya será menos, ya será menos. A lo que voy. Me comenta que siente una presencia extraña - a la suya supongo - que hay vida ahí fuera - de su habitación intuyo - que oye ruidos nocturnos - ¿los vecinos? - que ve a una mujer plasticosa tratando de subir a su cama. ¡Por favor! que dormimos a dos metros de altura, ni dios se atrevería a subir ahí sólo para mirar. Así que, de primeras, me lo tomo a coñita, la típica del graciosillo que me la intenta colar. Pero él insiste, insiste, y así una y otra vez, y ya he llegado a sugestionarme, tanto, que hace unos días vi moverse la tele. Sí, entiendo que estés horrorizado.
Termino mis vacaciones alegres, relajadas, de esas en las que no haces nada pero vuelves necesitando otras para recuperarte. Recuperarte del no dormir, del ajetreo intenso, de toda la comida que aún no has podido digerir, y como no, de la contractura cervical que te dio justo la primera noche. Como te cuento, que a la vuelta no me podía ni mover y claro, que si ponme los calcetines, que si necesito levantarme, que si por favor un poco de agua, que si, que si, que si... y en casa imposible, ¡a ver cómo me subía a la cama!, lo que te digo, ni la muerta se atrevería.
De manera que paso unos diítas con los papas, sin poder dar un paso, sin moverme apenas, y con unos dolores... empastillada como no. Y mientras, una presencia campando libremente por mis ahora dependencias. Te vas unos días y ya tienes okupas del más allá. Ya sabía yo que lo de la vivienda estaba mal pero ¿ahí también? si ya dios no está para nadie.
El caso es que me recupero, vuelvo a casa, respiro el aire de mi habitación/salón/comedor... en fin, de mis pequeñas dependencias; pongo la tele de la cocina, me preparo algo para comer, vamos, que inicio la vida hogareña. Entonces, un vistazo a la tele y veo que gira; oigo unos golpes en la pared, me paseo hasta la puerta - así, como quien no quiere la cosa, tanteando - y las voces de unos niños me sobresaltan... ya está, me he sugestionado, me he sugestionado, que tengo una facilidad... ni que tuviese cinco años.
Total, has acertado, piensa en lo peor, es decir, en mí paseando sola por las calles madrileñas, caminando sin rumbo fijo, con el móvil en una mano y el spray anti violadores en la otra por si a algún fantasma le ha dado por seguirme. Juanma viene rápido porque ya estoy por dormir en la estación de Atocha, sin pensármelo dos veces. ¡¡Yo no vuelvo allí ni de coña!!. ¡Me ha echado de casa una presencia! - de vergüenza - voy a tener que apuntarme a defensa personal, o a un curso avanzado de cazafantasmas.
Cuando llega todos son grititos, ¡¡que me he puesto a llamar a mi abuela por dios!!, todo por equilibrar fuerzas claro. Súbete a la cama que parece que hay algo me dice. Pues si lo hay, déjalo ahí que bien agustito estará.. Yo vuelvo a chillar, uno de esos gritos de película de serie B; pero nada, no veo que se mueva nada. Él tira de la sábana, <¡¡la mujer plasticosa, la mujer plasticosa!!> Y sí, efectivamente, una mujer plasticosa, rubia, con una boca por la que entra... en fin, ¿¡¡DE QUIÉN FUE LA IDEA DE REGALARLE UNA MUÑECA HINCHABLE!!?
No puedo con mi vida. Lo bueno es que ya no oigo ruidos, y por fin descansa en su caja original - espero - para nunca más abandonarla... salvo por una urgencia incontrolable claro.
Con cariño:
Juana
¿Te comenté que la antigua propietaria de la casa era una anciana con síndrome de diógenes?, sí, y tú me dirás, “en fin, como tantos otros”, sí, y yo te recordaré, “murió, soy yo la que duerme ahora en su habitación, soy yo la que oye cada vez más ruidos; y el incesante crujir de la madera, los golpes en las paredes y las voces ¡me están volviendo loca!”, y sí, últimamente he visto muchos programas de Iker Jiménez. ¿De quién ha sido la idea de hacerle un hueco a ese hombre en el mundo televisivo? ¡¡Por dios!!, ¡¡que ya no le dejan a una ni dormir!! Tranquilo que estoy bien, una crisis de ansiedad fantasmal.
El caso es que la cosa ha ido a mayores. Estando de viaje me llama Juanma, mi compañero de piso. <¿No has notado nada raro en casa?> Yo claro, cómo lo iba a imaginar si hasta ese momento me oía respirar por las noches. Ya será menos, ya será menos. A lo que voy. Me comenta que siente una presencia extraña - a la suya supongo - que hay vida ahí fuera - de su habitación intuyo - que oye ruidos nocturnos - ¿los vecinos? - que ve a una mujer plasticosa tratando de subir a su cama. ¡Por favor! que dormimos a dos metros de altura, ni dios se atrevería a subir ahí sólo para mirar. Así que, de primeras, me lo tomo a coñita, la típica del graciosillo que me la intenta colar. Pero él insiste, insiste, y así una y otra vez, y ya he llegado a sugestionarme, tanto, que hace unos días vi moverse la tele. Sí, entiendo que estés horrorizado.
Termino mis vacaciones alegres, relajadas, de esas en las que no haces nada pero vuelves necesitando otras para recuperarte. Recuperarte del no dormir, del ajetreo intenso, de toda la comida que aún no has podido digerir, y como no, de la contractura cervical que te dio justo la primera noche. Como te cuento, que a la vuelta no me podía ni mover y claro, que si ponme los calcetines, que si necesito levantarme, que si por favor un poco de agua, que si, que si, que si... y en casa imposible, ¡a ver cómo me subía a la cama!, lo que te digo, ni la muerta se atrevería.
De manera que paso unos diítas con los papas, sin poder dar un paso, sin moverme apenas, y con unos dolores... empastillada como no. Y mientras, una presencia campando libremente por mis ahora dependencias. Te vas unos días y ya tienes okupas del más allá. Ya sabía yo que lo de la vivienda estaba mal pero ¿ahí también? si ya dios no está para nadie.
El caso es que me recupero, vuelvo a casa, respiro el aire de mi habitación/salón/comedor... en fin, de mis pequeñas dependencias; pongo la tele de la cocina, me preparo algo para comer, vamos, que inicio la vida hogareña. Entonces, un vistazo a la tele y veo que gira; oigo unos golpes en la pared, me paseo hasta la puerta - así, como quien no quiere la cosa, tanteando - y las voces de unos niños me sobresaltan... ya está, me he sugestionado, me he sugestionado, que tengo una facilidad... ni que tuviese cinco años.
Total, has acertado, piensa en lo peor, es decir, en mí paseando sola por las calles madrileñas, caminando sin rumbo fijo, con el móvil en una mano y el spray anti violadores en la otra por si a algún fantasma le ha dado por seguirme. Juanma viene rápido porque ya estoy por dormir en la estación de Atocha, sin pensármelo dos veces. ¡¡Yo no vuelvo allí ni de coña!!. ¡Me ha echado de casa una presencia! - de vergüenza - voy a tener que apuntarme a defensa personal, o a un curso avanzado de cazafantasmas.
Cuando llega todos son grititos, ¡¡que me he puesto a llamar a mi abuela por dios!!, todo por equilibrar fuerzas claro. Súbete a la cama que parece que hay algo me dice. Pues si lo hay, déjalo ahí que bien agustito estará.
No puedo con mi vida. Lo bueno es que ya no oigo ruidos, y por fin descansa en su caja original - espero - para nunca más abandonarla... salvo por una urgencia incontrolable claro.
Con cariño:
Juana
