Terracitas de Verano
Querido Woody,
Hemos acabado festejando las noches veraniegas de la manera más simple: de terrazas, paseos por la ciudad y compras hogareñas en centros comerciales, con hordas de consumistas en busca del ofertón del verano.
Hemos acabado festejando las noches veraniegas de la manera más simple: de terrazas, paseos por la ciudad y compras hogareñas en centros comerciales, con hordas de consumistas en busca del ofertón del verano.
"La crisis", como se nos vendía un mes antes de vacaciones; un mes antes de programas sobre ricos, sus perros, sus casas, sus fiestas, sus yates, su ropita in – inseguro, inmaduro, infeliz – sus súper amigos mega guays y sus veranos de lujo en Ibiza. Ahora parece que la felicidad ha vuelto, se ha regenerado por sí sola y el mundo entero disfruta de playas abarrotadas, del sol, de los helados, de las cenas pantagruélicas… ¡¡pues nooooooooo!! Ya te digo yo, que cuando cae el sol y el calor amaina ¡¡todos vamos al Leroy Merlín!! Es así, la realidad es dura…
En una de estas noches de diversión sin alcohol, sin drogas y por qué no decirlo, ¡sin dinero! que ya podríamos estar pasando el tiempo en plan Pocholo por cualquier isla del Mediterráneo; se nos ha ocurrido salir a cenar - qué despliegue - a un sitio accesible - barato - de comida exótica - kebab - por aquello de aprovechar el tiempo.
En una de estas noches de diversión sin alcohol, sin drogas y por qué no decirlo, ¡sin dinero! que ya podríamos estar pasando el tiempo en plan Pocholo por cualquier isla del Mediterráneo; se nos ha ocurrido salir a cenar - qué despliegue - a un sitio accesible - barato - de comida exótica - kebab - por aquello de aprovechar el tiempo.
Nos dirigimos caminando - no estamos para gastos en gasolina - el del pueblo, el "siempre voy a la última y combino mis gafas con mi ropita y mis chanclas", el desempleado de larga duración - menos mal que amplían el subsidio - y yo - sin comentarios - a cualquier lugar de mucho comer y poco pagar. Somos así...
Como la cosa estaba entre "pollo al curry" y kebab, lo tuvimos claro desde un primer momento... directos al que queda al ladito, al ladito de casa. Y allí fuimos, al que nos quedaba de paso, y no a cualquier cuchitril ¡¡que éste, tenía terraza!! Nos sentamos y acomodamos ante la atenta mirada del camarero. Se acerca, no habla, ¿pregunta? El caso es que le pedimos los súper menús, los de "todo entra" - patatas, bebida, dobles de todo; y el tío, que ni apunta, menuda retentiva. Segundos más tarde vuelve - no, no es culpa de mi dudosa capacidad para elegir - libreta en mano, confundiendo bebidas con carne de pollo.
Como la cosa estaba entre "pollo al curry" y kebab, lo tuvimos claro desde un primer momento... directos al que queda al ladito, al ladito de casa. Y allí fuimos, al que nos quedaba de paso, y no a cualquier cuchitril ¡¡que éste, tenía terraza!! Nos sentamos y acomodamos ante la atenta mirada del camarero. Se acerca, no habla, ¿pregunta? El caso es que le pedimos los súper menús, los de "todo entra" - patatas, bebida, dobles de todo; y el tío, que ni apunta, menuda retentiva. Segundos más tarde vuelve - no, no es culpa de mi dudosa capacidad para elegir - libreta en mano, confundiendo bebidas con carne de pollo.
Aclarado el tema se va y digamos, muuuuuuuuuchos minutos después, vuelve con los menús repartiéndolos a diestro y siniestro por la mesa. Aaaaaaaaay, que no caben más patatas. Demasiado perfecto...
Como aquí el desempleado había pedido falafel resultó fácil comprobar que había poco. Pocas y pequeñas bolitas poblaban un plato con más lechuga que otra cosa. Qué hacer cuando esto ocurre - lea las instrucciones, cualquier acción descontrolada puede provocar mareos, somnolencia, llamadas inesperadas y apariciones no deseadas - lo normal: pedir más. Eso sí, ahí no iba a quedar la cosa y como al pedir la cuenta, no nos convenció... pues eso, ya está el integrante del INEM pidiendo hojitas de reclamaciones. Yo cuando vi que se le hinchaba la vena...
El hombre que no se entera, señala el ya clásico "existen hojas de reclamaciones" - tan habitual en sitios donde no las hay - se hace el loco, llama a otro, el otro las busca. Aaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhh, yo me quiero ir a casa ya. A todo esto nos entretenemos con un video musical bollywoodiense de nenitas, gangsters y sonido pegadizo. ¡Por fin está rellenando la reclamación! ¿Cuatro? Uy, si ya con una... ¡Y ahora que no quiere firmar!
Yo la verdad, llegados a este punto - e incluso antes - me hubiese ido ante la idea de un helado - en otra terraza - de los de dos bolas, con sirope, toppings, barquillo; aunque hubiese estado bien un copazo de los de "sólo quiero olvidar escuchando música hindi". En fin.
Bueno, bueno, y ahora vienen los municipales. ¿Quién habló de noche tranquila? Al fin, alegaciones. Que si un "tod mentira" por aquí, que si "precio bien" que si me debes "2,45 euros" que si costaba 6 y no 5. ¡Basta! ¡Quiero mi helado ya! En otra terraza, con la brisa contaminante de la ciudad obstruyéndonos la respiración, con el sonidito incesante de los coches al pasar. ¡Eso! ¡quiero eso!
Total, que allí que vamos, dispuestos a todo - helado, horchata, batido o similar - . Granizado. También vale. Pues el fashion victim va y se lo pide de frutas del bosque, por aquello de seguir con el exotismo... Yo opto por el de limón, el de toda la vida - limón con hielos, lo normal - de los sabores de siempre. Sí, llamadme aburrida.
La camarera viene con el granizado. ¡¡Azul!! El de los frutos es ¡¡azul!! ¿Puede haber algo más natural?
Otra hoja de reclamaciones no, que ya nos conocemos...
Con cariño:
Juana
