10.8.10

Cuando entran los calores

Querido Woody:


Empiezo a pensar que tenemos demasiado tiempo libre. Sí, ambos. Que eso de trabajar únicamente dos días por semana… le vendrá muy bien al cuerpito pero, ¡¡está empezando a sobresaturar nuestra paz espiritual!!
Que no, que no me quejo. Que hoy me voy al Spa, mañana al masajista y pasado al teatro. Pero ¡por dios, que he empezado a ir al gimnasio todos los días! Y eso, nos pongamos como nos pongamos, NO ES SANO.
Para colmo de males es verano. Sí, encima… Y el tiempo libre unido a la climatología propicia, invita a pensar en… vale: SEXO. Palabra, cuestión, tema, asunto, conversación, digamos imprescindible en casa Ferreira. Y tras mucha charla desinhibida, mucho abrazo terapéutico, mucho salir al parque a ver pasar sí, ¡nenitas!, hemos decidido partir a tierras proclives al destape: La Costa Gaditana. Todo sea por templar la testosterona y demás hormona primaveral; que aún dura.
El caso es que allí nos dirigimos con el amigo de sexualidad satisfecha – ah, ¿qué una pareja estable no lo implica? - y la amiga distendida de buen comer y mejor dormir. Menudo tandem. Como para hincharnos a ligar. Sobre todo porque ni somos de copita ni de trasnoche erótico festivo. En fin, no será por no intentarlo.
De primeras: balneario urbano - o semi, porque está a 3 minutos de la playa - en uno de esos hoteles con muchas estrellas a los que tan poco acostumbrados estamos a ir. Entramos y aquello es el paraíso acuático, con jacuzzi, baño turco, ducha escocesa, una especie de bañera llena de limones – sin comentarios - y un montón de chorrillos terapéuticos. Y es allí, en la mismísima sauna, que hacemos patente nuestra condición. Vamos, que dejamos claro que de pijos adictos al golf… nada de nada. Entramos la de la somnolencia y yo en una de las salas y ¿qué vemos? ¡¡Por dios!! ¡¡Pero qué poco os cuesta poneros en bolas!! Lo que te digo, que la desesperación unida al desenfreno contenido, unido éste a la explosión hormonal, unida ésta a… buff, menudo cuadro. Abandonamos pensando que es lo normal – y eso que por aquí no pasa nadie luciendo michelín – y vamos probando allí donde vemos que la temperatura es la adecuada para evitar situaciones semejantes. Pero claro, que si el hielo es frío – obvio, lo sé – que si las burbujitas no me gustan, que si ¿¡¡¡para qué sirven los limones!!!? Total, que nos vamos tal cual entramos, sin relajación, sin templanza y con un… más si cabe que antes.
Unos días y partimos en busca de playa nudista, más por ver que por ser visto. Y es que nuestro plan de voyeur nos parece de lo mejorcito planteado durante las vacaciones. Nos preparamos para ver cuerpos envidiables, esculturales, perfectos. ¡¡Por fin la naturaleza en todo su esplendor!! Pues no. Descubrimos para nuestro asombro – vale, más bien el mío – que ni hombres fornidos, ni bomberos en periodo de relax, ni carne de gimnasio. Nada de nada. Ahora eso sí, mucha nenita tremenda de cuerpito contorneado, cartucheras a raya y pecho estupendo. ¡Siempre igual! De manera que - visto el panorama – todos nos dedicamos a contemplar a cuanta niña nos cruzamos. Vamos, como de costumbre. Uno de los chicos se emociona porque la exuberante le ha sonreído. ¿Que además te ha saludado? Venga campeón que lo tienes hecho… pues no. Va a ser que ninguno disfrutará de un rollito veraniego. Seguimos siendo de lo peorcito del lugar.
Volvemos por la tarde. ¡A ver si hay suerte esta vez y al menos nos ligamos a uno de los de cuerpo escombro! Ah, que tampoco. ¿Qué hacemos ahora? Sorprendente sí, pero acabamos haciéndole fotos a… ¿he dicho que somos lo peor? ¡¡Penes y Cangrejos!! ¿Cuál es mayor?
¡¡Ay dios!! ¿¡¡Qué va a ser lo próximo!!? No, no. Ya he tenido suficiente con este ensalzamiento de la amistad. Paso de las experiencias en grupo, al menos… de momento.


Con cariño:
Juana

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