13.8.10

Terracitas de Verano

Querido Woody,

Hemos acabado festejando las noches veraniegas de la manera más simple: de terrazas, paseos por la ciudad y compras hogareñas en centros comerciales, con hordas de consumistas en busca del ofertón del verano.
"La crisis", como se nos vendía un mes antes de vacaciones; un mes antes de programas sobre ricos, sus perros, sus casas, sus fiestas, sus yates, su ropita ininseguro, inmaduro, infeliz – sus súper amigos mega guays y sus veranos de lujo en Ibiza. Ahora parece que la felicidad ha vuelto, se ha regenerado por sí sola y el mundo entero disfruta de playas abarrotadas, del sol, de los helados, de las cenas pantagruélicas… ¡¡pues nooooooooo!! Ya te digo yo, que cuando cae el sol y el calor amaina ¡¡todos vamos al Leroy Merlín!! Es así, la realidad es dura…
En una de estas noches de diversión sin alcohol, sin drogas y por qué no decirlo, ¡sin dinero! que ya podríamos estar pasando el tiempo en plan Pocholo por cualquier isla del Mediterráneo; se nos ha ocurrido salir a cenar - qué despliegue - a un sitio accesible - barato - de comida exótica - kebab - por aquello de aprovechar el tiempo.
Nos dirigimos caminando - no estamos para gastos en gasolina - el del pueblo, el "siempre voy a la última y combino mis gafas con mi ropita y mis chanclas", el desempleado de larga duración - menos mal que amplían el subsidio - y yo - sin comentarios - a cualquier lugar de mucho comer y poco pagar. Somos así...
Como la cosa estaba entre "pollo al curry" y kebab, lo tuvimos claro desde un primer momento... directos al que queda al ladito, al ladito de casa. Y allí fuimos, al que nos quedaba de paso, y no a cualquier cuchitril ¡¡que éste, tenía terraza!! Nos sentamos y acomodamos ante la atenta mirada del camarero. Se acerca, no habla, ¿pregunta? El caso es que le pedimos los súper menús, los de "todo entra" - patatas, bebida, dobles de todo; y el tío, que ni apunta, menuda retentiva. Segundos más tarde vuelve - no, no es culpa de mi dudosa capacidad para elegir - libreta en mano, confundiendo bebidas con carne de pollo.
Aclarado el tema se va y digamos, muuuuuuuuuchos minutos después, vuelve con los menús repartiéndolos a diestro y siniestro por la mesa. Aaaaaaaaay, que no caben más patatas. Demasiado perfecto...
Como aquí el desempleado había pedido falafel resultó fácil comprobar que había poco. Pocas y pequeñas bolitas poblaban un plato con más lechuga que otra cosa. Qué hacer cuando esto ocurre - lea las instrucciones, cualquier acción descontrolada puede provocar mareos, somnolencia, llamadas inesperadas y apariciones no deseadas - lo normal: pedir más. Eso sí, ahí no iba a quedar la cosa y como al pedir la cuenta, no nos convenció... pues eso, ya está el integrante del INEM pidiendo hojitas de reclamaciones. Yo cuando vi que se le hinchaba la vena...
El hombre que no se entera, señala el ya clásico "existen hojas de reclamaciones" - tan habitual en sitios donde no las hay - se hace el loco, llama a otro, el otro las busca. Aaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhh, yo me quiero ir a casa ya. A todo esto nos entretenemos con un video musical bollywoodiense de nenitas, gangsters y sonido pegadizo. ¡Por fin está rellenando la reclamación! ¿Cuatro? Uy, si ya con una... ¡Y ahora que no quiere firmar!
Yo la verdad, llegados a este punto - e incluso antes - me hubiese ido ante la idea de un helado - en otra terraza - de los de dos bolas, con sirope, toppings, barquillo; aunque hubiese estado bien un copazo de los de "sólo quiero olvidar escuchando música hindi". En fin.
Bueno, bueno, y ahora vienen los municipales. ¿Quién habló de noche tranquila? Al fin, alegaciones. Que si un "tod mentira" por aquí, que si "precio bien" que si me debes "2,45 euros" que si costaba 6 y no 5. ¡Basta! ¡Quiero mi helado ya! En otra terraza, con la brisa contaminante de la ciudad obstruyéndonos la respiración, con el sonidito incesante de los coches al pasar. ¡Eso! ¡quiero eso!
Total, que allí que vamos, dispuestos a todo - helado, horchata, batido o similar - . Granizado. También vale. Pues el fashion victim va y se lo pide de frutas del bosque, por aquello de seguir con el exotismo... Yo opto por el de limón, el de toda la vida - limón con hielos, lo normal - de los sabores de siempre. Sí, llamadme aburrida.
La camarera viene con el granizado. ¡¡Azul!! El de los frutos es ¡¡azul!! ¿Puede haber algo más natural?
Otra hoja de reclamaciones no, que ya nos conocemos...


Con cariño:
Juana


10.8.10

Cuando entran los calores

Querido Woody:


Empiezo a pensar que tenemos demasiado tiempo libre. Sí, ambos. Que eso de trabajar únicamente dos días por semana… le vendrá muy bien al cuerpito pero, ¡¡está empezando a sobresaturar nuestra paz espiritual!!
Que no, que no me quejo. Que hoy me voy al Spa, mañana al masajista y pasado al teatro. Pero ¡por dios, que he empezado a ir al gimnasio todos los días! Y eso, nos pongamos como nos pongamos, NO ES SANO.
Para colmo de males es verano. Sí, encima… Y el tiempo libre unido a la climatología propicia, invita a pensar en… vale: SEXO. Palabra, cuestión, tema, asunto, conversación, digamos imprescindible en casa Ferreira. Y tras mucha charla desinhibida, mucho abrazo terapéutico, mucho salir al parque a ver pasar sí, ¡nenitas!, hemos decidido partir a tierras proclives al destape: La Costa Gaditana. Todo sea por templar la testosterona y demás hormona primaveral; que aún dura.
El caso es que allí nos dirigimos con el amigo de sexualidad satisfecha – ah, ¿qué una pareja estable no lo implica? - y la amiga distendida de buen comer y mejor dormir. Menudo tandem. Como para hincharnos a ligar. Sobre todo porque ni somos de copita ni de trasnoche erótico festivo. En fin, no será por no intentarlo.
De primeras: balneario urbano - o semi, porque está a 3 minutos de la playa - en uno de esos hoteles con muchas estrellas a los que tan poco acostumbrados estamos a ir. Entramos y aquello es el paraíso acuático, con jacuzzi, baño turco, ducha escocesa, una especie de bañera llena de limones – sin comentarios - y un montón de chorrillos terapéuticos. Y es allí, en la mismísima sauna, que hacemos patente nuestra condición. Vamos, que dejamos claro que de pijos adictos al golf… nada de nada. Entramos la de la somnolencia y yo en una de las salas y ¿qué vemos? ¡¡Por dios!! ¡¡Pero qué poco os cuesta poneros en bolas!! Lo que te digo, que la desesperación unida al desenfreno contenido, unido éste a la explosión hormonal, unida ésta a… buff, menudo cuadro. Abandonamos pensando que es lo normal – y eso que por aquí no pasa nadie luciendo michelín – y vamos probando allí donde vemos que la temperatura es la adecuada para evitar situaciones semejantes. Pero claro, que si el hielo es frío – obvio, lo sé – que si las burbujitas no me gustan, que si ¿¡¡¡para qué sirven los limones!!!? Total, que nos vamos tal cual entramos, sin relajación, sin templanza y con un… más si cabe que antes.
Unos días y partimos en busca de playa nudista, más por ver que por ser visto. Y es que nuestro plan de voyeur nos parece de lo mejorcito planteado durante las vacaciones. Nos preparamos para ver cuerpos envidiables, esculturales, perfectos. ¡¡Por fin la naturaleza en todo su esplendor!! Pues no. Descubrimos para nuestro asombro – vale, más bien el mío – que ni hombres fornidos, ni bomberos en periodo de relax, ni carne de gimnasio. Nada de nada. Ahora eso sí, mucha nenita tremenda de cuerpito contorneado, cartucheras a raya y pecho estupendo. ¡Siempre igual! De manera que - visto el panorama – todos nos dedicamos a contemplar a cuanta niña nos cruzamos. Vamos, como de costumbre. Uno de los chicos se emociona porque la exuberante le ha sonreído. ¿Que además te ha saludado? Venga campeón que lo tienes hecho… pues no. Va a ser que ninguno disfrutará de un rollito veraniego. Seguimos siendo de lo peorcito del lugar.
Volvemos por la tarde. ¡A ver si hay suerte esta vez y al menos nos ligamos a uno de los de cuerpo escombro! Ah, que tampoco. ¿Qué hacemos ahora? Sorprendente sí, pero acabamos haciéndole fotos a… ¿he dicho que somos lo peor? ¡¡Penes y Cangrejos!! ¿Cuál es mayor?
¡¡Ay dios!! ¿¡¡Qué va a ser lo próximo!!? No, no. Ya he tenido suficiente con este ensalzamiento de la amistad. Paso de las experiencias en grupo, al menos… de momento.


Con cariño:
Juana

15.10.08


Afortunadamente, la vida está llena de nuevos comienzos.

12.1.07

Noche de Reyes

Querido Woody:

Tanto tiempo abandonada a mi suerte y redescubro como no, tras fechas tan significativas, que necesito con urgencia ayuda profesional. Y no creas, que lo he intentado. Me dije, esta vez, voy a pasar unas Navidades Coca Cola, sí, de esas felices, entrañables, tiernas, familiares, uuuy, que va a ser ahí donde está el problema. Porque, a ver, ¿quién no tiene un tío psicópata, alcohólico o similar, o un padre autoritario, o un hermano trastornado, o un primo adicto a, a, va, a lo que sea, o, o?, en fin, dejémoslo, que viendo a la gente pasear alegremente por Preciados, cualquiera diría que venden parcelas en el mundo Teletubbie. Tinky Winky y amiguitos, hay que ver lo que hace tener sobrinos pluriempleados en Tecnocasa…¡qué más nos queda por ver!.
Y repito, lo he intentado. Paseo por mi barrio, mi ya antiguo barrio, y veo a mi tío - el semi indigente, alcohólico, psicópata, desquiciado, agresivo... en fin, a él, eterno personaje familiar - rebuscando en la basura y me digo, "date, éste ha tirado la sorpresa del roscón y está como loco buscándola", pues menudo es para estas cosas. Vale, he dicho que lo estaba intentando. Y así, la vida sigue de color morado Tinky Winky, o rojo Po o….¡¡dios, madre histérica a la vista!!, qué pronto me despido de mi mundo infantil, de los prados virtuales, de…¡¡que no, que no he comprado ningún regalo!!. ¿pero no odiabais estas fiestas?. ¡¡Ay!!, tanta cultura reivindicativa, tanta educación izquierdosa, tanto compartir, tanta tradición contra el materialismo y aquí el más rojillo, se muere por un regalo de reyes. Mi infancia a la mierda. Lo que te digo, cuestión familiar; se han cargado la base de mi personalidad de un plumazo, a ver qué hago yo ahora. El móvil suena, ¡¡uy!! otro de mis tíos, el de “la monogamia es la enfermedad de la humanidad”, el de “jamás serás feliz, condición humana”, el de…¡¡dios!! ¡no puedo cogerlo!!. Lo tiro, los nervios me pueden, se apaga; no si ahora me quedo sin teléfono…mejor, la incomunicación es la única vía. Y así, aislada del mundo familiar, me dirijo a Cortilandia - ese rincón de perversión - para experimentar el capitalismo en vena, ahí, directo al torrente sanguíneo. Me entrego a lo inevitable y me dejo llevar.
Ahora camino por el centro con una sonrisa de anormal que ni en mis mejores momentos. He llegado a emocionarme con una especie de árbol navideño y digo especie, porque así a primera vista, parece un enorme chupa chups deforme, pero ¿quién soy yo para criticar la estética navideña?. Miles de Papá Noel trepan por los balcones, un montón de gente con pelucas inmensas campa libremente por la plaza mayor... vale aquí, ya empiezo a horrorizarme pero me concentro en el espíritu recién adquirido, y mantengo esa sonrisa de “voy hasta arriba de tranxilium” y lo mejor, “tengo una caja de ansiolíticos en el bolso, que me voy a tapiñar en una sola noche”.
Aun así, drogas y todo, vuelvo a casa. El rollo felicidad me supera. Voy a enclaustrarme en mi zulo, ése con vistas a una pared, y no dejaré que nadie me moleste. Pues menudos somos nosotros con estas fiestas, ni frío ni calor, un día cualquiera…¡¡Ya tengo tu regalo!! Vale Juanma, ya te he dicho que el guaraná no es el camino, y la cafeína inyectada ¡menos! "Que no, que no es por presionar, que no quiero que me regales nada". Pues sólo faltaba. "Pero ¡QUIERO MI REGALO YA! ¿Nos los damos, nos los damos?" Lo miro perpleja, ¿¡el qué!? A ver, que esto me lo está diciendo el de la chaqueta de NAVIDAD NO. ¡Por dios!, si sólo le falta tatuarse muerte a Papá Noel en la frente. "Navidad NO, regalos SÍ", dice. Mi última esperanza, a la mierda. "Pues yo no te he comprado nada. ¿Desde cuando nos regalamos cositas?", que somos compañeros de piso por favor. No se lo cree. "Di lo que quieras pero mañana quiero ver mi regalo". Lo que te digo, que no me cree. Pues a ver qué hago yo un día de fiesta…como no me vaya a un chino. El caso es que he visto un Cristo de esos luminosos, sí, de los de mantener fuera del alcance de los niños por lo de los ataques epilépticos, ummm, qué buena idea. Salvada por el comercio internacional. La gran pregunta es ¿quiero tener eso en casa?. Bah, no me voy a andar ahora con tonterías, es una situación de vida o muerte, nunca mejor dicho que como se mosquee… acabo con mi tío rebuscando en la basura.
Al día siguiente me encuentro mi regalo en el sillón del mini zulo. ¡Un libro! El corto verano de la anarquía. Sí, sí, de lo más apropiado.


Con cariño:
Juana

15.9.06

Apariciones

Querido Woody:

¿Te comenté que la antigua propietaria de la casa era una anciana con síndrome de diógenes?, sí, y tú me dirás, “en fin, como tantos otros”, sí, y yo te recordaré, “murió, soy yo la que duerme ahora en su habitación, soy yo la que oye cada vez más ruidos; y el incesante crujir de la madera, los golpes en las paredes y las voces ¡me están volviendo loca!”, y sí, últimamente he visto muchos programas de Iker Jiménez. ¿De quién ha sido la idea de hacerle un hueco a ese hombre en el mundo televisivo? ¡¡Por dios!!, ¡¡que ya no le dejan a una ni dormir!! Tranquilo que estoy bien, una crisis de ansiedad fantasmal.
El caso es que la cosa ha ido a mayores. Estando de viaje me llama Juanma, mi compañero de piso. <¿No has notado nada raro en casa?> Yo claro, cómo lo iba a imaginar si hasta ese momento me oía respirar por las noches. Ya será menos, ya será menos. A lo que voy. Me comenta que siente una presencia extraña - a la suya supongo - que hay vida ahí fuera - de su habitación intuyo - que oye ruidos nocturnos - ¿los vecinos? - que ve a una mujer plasticosa tratando de subir a su cama. ¡Por favor! que dormimos a dos metros de altura, ni dios se atrevería a subir ahí sólo para mirar. Así que, de primeras, me lo tomo a coñita, la típica del graciosillo que me la intenta colar. Pero él insiste, insiste, y así una y otra vez, y ya he llegado a sugestionarme, tanto, que hace unos días vi moverse la tele. Sí, entiendo que estés horrorizado.
Termino mis vacaciones alegres, relajadas, de esas en las que no haces nada pero vuelves necesitando otras para recuperarte. Recuperarte del no dormir, del ajetreo intenso, de toda la comida que aún no has podido digerir, y como no, de la contractura cervical que te dio justo la primera noche. Como te cuento, que a la vuelta no me podía ni mover y claro, que si ponme los calcetines, que si necesito levantarme, que si por favor un poco de agua, que si, que si, que si... y en casa imposible, ¡a ver cómo me subía a la cama!, lo que te digo, ni la muerta se atrevería.
De manera que paso unos diítas con los papas, sin poder dar un paso, sin moverme apenas, y con unos dolores... empastillada como no. Y mientras, una presencia campando libremente por mis ahora dependencias. Te vas unos días y ya tienes okupas del más allá. Ya sabía yo que lo de la vivienda estaba mal pero ¿ahí también? si ya dios no está para nadie.
El caso es que me recupero, vuelvo a casa, respiro el aire de mi habitación/salón/comedor... en fin, de mis pequeñas dependencias; pongo la tele de la cocina, me preparo algo para comer, vamos, que inicio la vida hogareña. Entonces, un vistazo a la tele y veo que gira; oigo unos golpes en la pared, me paseo hasta la puerta - así, como quien no quiere la cosa, tanteando - y las voces de unos niños me sobresaltan... ya está, me he sugestionado, me he sugestionado, que tengo una facilidad... ni que tuviese cinco años.
Total, has acertado, piensa en lo peor, es decir, en mí paseando sola por las calles madrileñas, caminando sin rumbo fijo, con el móvil en una mano y el spray anti violadores en la otra por si a algún fantasma le ha dado por seguirme. Juanma viene rápido porque ya estoy por dormir en la estación de Atocha, sin pensármelo dos veces. ¡¡Yo no vuelvo allí ni de coña!!. ¡Me ha echado de casa una presencia! - de vergüenza - voy a tener que apuntarme a defensa personal, o a un curso avanzado de cazafantasmas.
Cuando llega todos son grititos, ¡¡que me he puesto a llamar a mi abuela por dios!!, todo por equilibrar fuerzas claro. Súbete a la cama que parece que hay algo me dice. Pues si lo hay, déjalo ahí que bien agustito estará. . Yo vuelvo a chillar, uno de esos gritos de película de serie B; pero nada, no veo que se mueva nada. Él tira de la sábana, <¡¡la mujer plasticosa, la mujer plasticosa!!> Y sí, efectivamente, una mujer plasticosa, rubia, con una boca por la que entra... en fin, ¿¡¡DE QUIÉN FUE LA IDEA DE REGALARLE UNA MUÑECA HINCHABLE!!?
No puedo con mi vida. Lo bueno es que ya no oigo ruidos, y por fin descansa en su caja original - espero - para nunca más abandonarla... salvo por una urgencia incontrolable claro.

Con cariño:
Juana

15.8.06

La Emancipación

Querido Woody:

Podría decirse que soy una más de los cientos, miles, qué digo, millones de habitantes incapaces de abandonar el hogar familiar. "La familia", como decía aquel de voz ronca y forrado de pasta... igualito que yo sí. El caso es, que afortunada, y pese a la objeción de mis progenitores, , me piro. Así, como suena. Y no, no a vivir debajo de un puente, ni en el metro, ni en una de esas estaciones de autobuses - tan modernas ellas - ni en un cajero - ummm, qué idea - ¡que no!, ¡he conseguido que me pongan un piso!
Sí, ahora cualquiera diría lo de “qué fácil camino el de la prostitución”, otra gran idea. Vamos que no, que no va por ahí la historia. Digamos que un amigo, en su infinita bondad, me ha ofrecido compartir un piso; digamos, unos gastos; digamos, la luz y el agua. Vale, vale, que además no tengo que pagar alquiler. ¡¡No volvamos a lo de la prostitución!!
He de admitir que soy una privilegiada, de esas a las que la modestia le impide reconocerlo. Aunque... ¡¡¡QUE OS DEN!!!, ¡¡¡QUE YA TENGO CASITA!!! Y así se lo comunicaría a la ministra de la vivienda - esa de los 30 metros - a todos los que se rieron de mí al solicitar un piso de protección - el lujo está hecho para unos pocos - a los de, y a, a... Respira Juana, respira.
El caso es, que ha llegado el momento. ME EMANCIPO, y sí, sigo sin tener un lugar propio, con lo que se lleva eso de la propiedad privada; un lugar donde caerme muerta, que hoy aquí mañana en el cajero; pero... ¡bah!, ¿por qué pensar en simplezas?
Ahora tengo un hogar, y han dejado de preocuparme las interminables obras, la agotadora mudanza, el pintado general, el grifo que gotea, la cisterna que se sale, el “paso de pintar”, los muebles de IKEA (sí, yo también he caído, a la mierda la antiglobalización, que me he quedado sin un duro con tanto amueblar), las interminables obras, la electricidad, la mudanza... ¿he dicho lo de las obras?
Pero en fin, todo eso acabó, y hoy por hoy vivo en un piso - apartamento, vivienda - de unos cincuenta metros cuadrados, sin salón pero con dos habitaciones; con ascensor pero sin luz, que es interior; con unas bonitas vistas a un muro de ladrillo. ¿Y todavía me quejo?, reminiscencias de mi condición humana más básica.
ÉL eso sí, me ha dejado la mejor habitación. Que no, que no soy puta. Todo sea por mi bienestar mental, que es la que menos ruido tiene. Ahora claro, se utiliza de salón, a falta de uno propio; que esto ha pasado a ser más o menos rollito comunal. Todo lo tuyo es mío y lo mío... bien, ya veremos.
De momento a transigir. Ni meaditas fuera de la taza, ni tapas levantadas, ante todo higiene, tirar la basura... ¡uy!, me aplico el cuento, me aplico el cuento.
Y tras muchas reticencias por parte del resto. Que si no vais a poder, que si vuestro carácter, vuestras manías, vuestras excentricidades, vuestras rarezas, que lo del sexo opuesto es un inconveniente, que si poneos en bolas y superad la tensión... bien, ¡bastaaa! El caso es que la cosa no va mal. Ya hemos empapelado las paredes en un pues eso, que al final se ve de todo menos azulejos en la cocina. Y todo por una cuestión de transigencia, y sí, de pasotismo porque realmente, no le prestamos ninguna atención a los adornos hogareños. Eso sí, estamos acabando con una decoración entre ecléctica y sesentera, digna de los mejores diseñadores de interiores. Que si me han regalado esto, que si a mí me han dado lo otro, que si me he agenciado tal cosa, que si yo encontré esto en el contenedor y ¡¡mira qué bien está y qué útil que es!! Esto último, dicho de una especie de lupa de dentista que así, sin ponernos en plan pijo, bien pudiera pertenecer a un coleccionista de frikadas. Y ahí estaba, abandonada a su suerte... ¡la pobre! Pues la reutilizamos, que no deja de ser colaborar con el medio ambiente. De momento no hemos sido capaces de colocarla, ¿será por falta de espacio?.
En fin, ya veremos si logramos sobrevivir.

Con cariño:
Juana